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TORMENTAS |
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OPINIÓN |
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LA PASIÓN DE JESUCRISTO |
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LA EUCARISTÍA COMO SACRAMENTO |
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LA RELIGIÓN CATÓLICA EN LA ESCUELA |
Antonio Garrido de la Torre
Director del Centro de Estudios
Teológicos de Jaén
Hace unos días, coincidiendo
con la celebración de la jornada para la eliminación de la violencia contra la
mujer, este periódico informaba sobre un aspecto de dicha conmemoración con
este titular: «Piden a la Iglesia que respete a las mujeres y condene a los
maltratadores». La cosa tiene su gracia. Y no este precisamente un tema para
tomárselo ni con humor ni con demagogias baratas. Estamos hablando de más de
600 mujeres que en los últimos 8 años han sido asesinadas a manos de sus
parejas o ex parejas en nuestra nación. Estamos tocando una lacra que afecta a
toda la sociedad de modo preocupante y eso se nota, por ejemplo, en las 670
denuncias que se presentaron el año pasado en nuestra provincia de Jaén por
violencia de género. Estamos, ante un tema de gran problemática social que
conviene analizar con seriedad e intentar solucionar con efectividad. Pero
dentro del comunicado que el instituto andaluz de la mujer presentó ese día
contra la violencia de género no deja de resultar sorprendente la llamada que
se hace a la jerarquía católica «para que respete los derechos de las mujeres
y condene a los maltratadores y asesinos» Y digo yo ¿es que eso no lo hace la
Iglesia? ¿o es que seguimos utilizando tópicos trasnochados y prejuicios
rancios para querer ver en la iglesia fantasmas que no existen? No estaría de más
que los redactores de este manifiesto, aunque se les reconoce su buena voluntad
y su lucha por solucionar este drama social, intenten ser un poquito más
veraces y menos simplistas a la hora de enjuiciar a una institución como la
Iglesia que hoy por hoy (y a pesar de la lluvia laicista que está cayendo)
sigue siendo puntera en atención social en nuestro país.
Creo que es necesario, en primer
lugar, que este tema se combata en todos los frentes y no sólo en el de la
mujer, sino también en el que afecta a todos los miembros de la familia y muy
especialmente a los niños. Todos sabemos que ellos también sufren los efectos
de la violencia en la relación entre la pareja y por eso habría que ser un
poco más ambiciosos en la erradicación de esta violencia que no solo es de género
sino que fundamentalmente es doméstica y que afecta a la familia en sí. Pero
claro, parece que no está de moda hablar de la familia y lo que se lleva es
tener un concepto de familia en donde palabras como unión, comprensión, perdón,
cariño y fidelidad pertenecen a las cavernas de la prehistoria. Y así nos va.
Se intenta renunciar a un concepto de familia fuerte, educadora en valores,
vertebradora de la identidad del individuo y célula fundamental de la sociedad
y creemos que eso no pasa factura.
Otro dato importante de este
referido manifiesto del día contra la violencia de género es su «carácter
consensuado». Según las informaciones, «el manifiesto fue consensuado con los
diferentes agentes sociales, políticos y económicos de la provincia». Y el
dilema es evidente: o no sabemos que es eso del consenso o no me explico como
consensuadamente se puede criticar sin fundamento a la institución que agrupa a
la inmensa mayoría de jienenses que, mire usted por donde, son católicos. Y
aunque estamos acostumbrados a que nos ignoren sería bueno que esa costumbre no
se convirtiera en un hábito nocivo para los que tanto alardean de pluralidad y
de contar con las opiniones de todos.
El lema elegido para la
celebración de la jornada contra la violencia de género era «¿ y tú que
haces?». Pues permítanme que a esa pregunta les responda no con mis palabras
sino con las de esos personajes opresores, reaccionarios y «casposos» que (según
algunas mentalidades modernas imperantes) son los obispos y que según estos
comunicados tienen buena parte de culpa de la violencia doméstica. Me estoy
refiriendo a la conferencia episcopal española que en una asamblea plenaria decían
que todas las personas afectadas por los malos tratos deben experimentar la «cercanía
cristiana y ayudas especializadas». La postura de los cristianos en este tema
está clara: «la pastoral de la Iglesia debe ayudar a la buena convivencia,
comunicación y diálogo en el seno de las familias, para que estas sean,
verdaderamente, comunidades de vida y amor conforme a su vocación». Los
centros de orientación familiar (y el de Jaén es nuestra referencia) son
instrumentos de la Iglesia que ofrece una atención y orientación personal, que
integra todos los aspectos del ser humano, siendo conscientes de la diversidad
de causas que provocan las crisis conyugales y familiares. Para ello, un equipo
de colaboradores voluntarios y de profesionales especializados en distintos
campos (mediación familiar, pedagogía, psicología, asistentes sociales,
etc.), ayudan a dar respuesta a las personas que lo soliciten.
Pues eso, menos críticas y algo más de verdad para resolver un problema que nos preocupa a todos.
Antonio Garrido de la Torre
Director del Centro de Estudios Teológicos de Jaén
La película «mar adentro» de Alejandro Amenábar ha recibido quince nominaciones a los premios Goya, que son los más importantes del panorama cinematográfico español. Entre las nominaciones, las más destacadas son las de Alejandro Amenábar como mejor director, Javier Bardem como mejor intérprete y la de la propia cinta que opta al premio a la mejor película. Esta cinta que narra la vida del marinero gallego que quedó tetrapléjico después de lanzarse a aguas poco profundas del mar ha sido también nominada recientemente a dos globos de oro, que son prácticamente la antesala de los oscars. Toda esta trayectoria de éxito de este film coincide con una campaña mediática muy bien estudiada en donde se presenta la vida humana, como decía Sanpedro «no como una obligación sino como un derecho». La película también obtuvo el gran premio del jurado del festival de cine de Venecia Y precisamente otra película cuyos valores también atacan la dignidad y la inviolabilidad de la vida humana resultó premiada con el león de oro de este festival. Me estoy refiriendo a «Vera Drake», película dirigida por el cineasta británico Mike Leigh en la que relata la historia de una mujer, madre de familia y esposa ejemplar, que se dedica a realizar abortos a mujeres pobres hasta que es detenida y procesada.
Ambas cintas, que obtuvieron el reconocimiento del festival veneciano, no dejan de ser unas muestras patentes del aprecio que se tiene en nuestra sociedad a la vida humana. No deja de ser curioso que se premien historias en donde deshacerse de los seres humanos más molestos e improductivos se proponga como paradigma de la ética moderna políticamente correcta. Pero eso si, no digamos que se matan a seres indefensos. Esto suena mal a los oídos de los que defienden la vida de lo animales en vías de extinción pero apoyan al aborto. Pongamos mejor que se interrumpe el embarazo, que es lo mismo pero con más talante. No digamos que se exterminan las vidas humanas que no son rentables. Pongamos que se reconoce el derecho inalienable a la calidad de vida. Con fórmulas léxicas más o menos rebuscadas estamos asistiendo a la promoción de la cultura de la muerte y al tratamiento de la vida humana según los parámetros de rentabilidad, comodidad y egoísmo que campan a sus anchas en nuestra sociedad actual.
En medio de este ambiente de acoso a la integridad y respeto de la vida humana que se está promocionando especialmente desde sectores mediáticos no precisamente independientes, no faltan ejemplos luminosos de personas que son modelos de sacrificio, abnegación y sentido positivo de la vida. Con un horizonte nublado, en medio del ocaso social de los valores que defienden la vida, hay que tener en cuenta que «las estrellas se ven de noche». Y una de estas estrellas no está lejana. La tenemos aquí, en nuestra provincia de Jaén, en Linares. Manuel Lozano Garrido, popularmente conocido como «Lolo» es para todos un auténtico ejemplo de fortaleza en medio del dolor y de ofrecimiento a Dios de todo su ser. Periodista seglar, miembro de la Acción Católica, cristiano ejemplar, fallecido en 1.971, pasó 28 años en una silla de ruedas. En 1.942 contrajo una grave enfermedad, la espondilitis, que le deformó completamente el cuerpo y le dejó inválido. Los últimos diez años de su vida los pasó completamente ciego y aún así, a través de amigos y de su hermana, dictó nueve libros y fundó la revista «Sinaí» para los enfermos.
El testimonio de Lolo es conmovedor. El sufrimiento es algo consustancial a su vida. Amarrado en el sillón de ruedas, con el cuerpo encorvado y los miembros deformados por la enfermedad, Lolo siente «que no hay una célula de mi cuerpo que no tenga clavado su alfilerito». Y ante este panorama espeluznante ofrece las distintas vías que se pueden coger ante el dolor: «La de aquel que aún no ha ido más allá del escozor de su vida: `Dios me ha quitado...´. La del que acepta, sin entrar en su espíritu de actividad santificante: `Dios me ha pedido...´. Y la de aquel que, comprendiendo el valor comunitario del sufrimiento, se da de lleno al ideal de redención:`Señor, te ofrezco...´» ¿Cuál fue el camino que escogió Lolo? Sin duda, el último. Él tenía muy claro que «el sufrimiento es la autopista para ir a Dios». Y esto no son posturas masoquistas. No son actitudes oscurantistas o pertenecientes a una moral trasnochada o a conciencias educadas en esquemas opresores. Lolo nos dice claramente que el sufrimiento redime cuando es ofrecido a Dios. «Creo en la misión redentora del sufrimiento. Sufrir con amor, no es sufrir, sino redimir». Y este sufrimiento puede llegar hasta incluso a la alegría. Puede parecer paradójico. Pero son las paradojas de la fe. Lolo era un cristiano alegre porque sabía que Dios le amaba, que Dios lo acompañaba, que estaba al lado de su sillón de ruedas. Lo decía bien claro: «Cristo está en todo el que sufre. Y si no lo vemos delante de nosotros cuando sufrimos, es porque está a nuestro lado llorando con nosotros. Desde que Cristo lloró en un olivar, las lágrimas redimen». Menuda lección para los tiempos que corren. Como podrán comprobar, que Lolo esté en vías de beatificación no deja de ser una consecuencia de su profunda fe en Dios y del ejemplo luminoso de su vida. Un ejemplo del que tal vez no hagan una película estos cineastas nuestros pero que bien merece ser tenido en cuenta por
TRIBUNA
ABIERTA – Diario «Ideal» - 15/1/05
¡Viva
el laicismo! ANTONIO GARRIDO DE LA TORRE DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS TEOLÓGICOS DE JAÉN
UN
grupo de representantes democráticos del pueblo que trabajan ardua y
abnegadamente en el Congreso de los Diputados ha tomado una decisión
que va a ser un hito fundamental para comprender el desarrollo de la
democracia en España. A partir de ahora va a haber un antes y un después
en la defensa de los derechos del pueblo. Este grupo de diputados va a
librar a este país de una vez por todas, «con seriedad y sin marear la
perdiz», como ellos mismos dicen, de uno de sus problemas más graves y
permanentes que arrastra sin resolverse desde el tiempo de los
visigodos: la relación «anómala e inconstitucional» (sigue el
entrecomillado) del Estado con la religión católica. Los señores
diputados creen que este tema es tan importante que, aunque no van a
acortar sus vacaciones (que llegan hasta final de enero), sí tienen
previsto en febrero, en cuanto se incorporen a sus escaños, formular la
petición de creación de una comisión parlamentaria que profundice en
la laicidad del Estado. |