HISTORIA DE LA PARROQUIA
Desde los años cincuenta la expansión del pueblo por la zona Este (carretera de Torres) ha sido cada vez más considerable. Al construirse en 1964 la Barriada de la Paz, se dejó un solar para la construcción de una Iglesia. Con las aportaciones de los fieles y de la Caja de Ahorros de Granada se construyó en 1973 una moderna Iglesia que funcionó como auxiliar de la Parroquia, en la que se celebraba misa diariamente y algunos otros actos y cultos religiosos.
El solar fue cedido por la Obra Sindical del hogar al Obispado de Jaén por escritura de 25 de Septiembre de 1969, ante el notario D. Francisco Trabado y Carasa.
El arquitecto D. Ramón Pajares hizo el proyecto del templo cómo Iglesia filial de, la Parroquia de S. Juan Evangelista de Mancha Real, en un solar de forma aproximadamente triangular en la Barriada de la Paz, que hace esquina entre las calles Machado y Picasso.
Consta de una sola nave, un baptisterio, una pequeña sacristía, un trastero y un cuarto de aseo. Dentro de la misma nave en un tacán de menos altura que el resto se dispone una capilla penitencial, apropiada para la colocación de confesionarios, pero que en realidad constituye parte de la misma nave.
La planta de la única nave adopta sensiblemente una forma trapezoidal convergente hacia el presbiterio acomodada a la forma triangular del solar.
El acceso a la Iglesia a través de un atrio y doble cancel situado en la base mayor del trapecio. A la derecha del atrio se dispone la capilla penitencial y a la izquierda el baptisterio delimitado por paredes casi cilíndricas que se prolonga en coronación helicoide formando en su extremo superior una especie de espadaña con hueco para la campana. Posteriormente la Pila Bautismal se ha colocado en el altar mayor, y en su lugar se instaló una capilla y gruta de la Virgen de Lourdes.
La capacidad calculada es para unos 200 a 250 fieles.
La Iglesia se inauguró en 1974. En una lápida colocada en la capilla penitencial hay colocada una placa de mármol que dice:
SE INAGURO ESTA IGLESIA EN FEBRERO DEL AÑO 1974
SIENDO PAPA PABLO VI
OBISPO DE JAEN D. MIGUEL PEINADO PEINADO
PARROCO DE ESTA VILLA RAFAEL MARTINEZ DIAZ
FUE CONSTRUIDA CON LA APORTACION DE LOS FELIGRESES
Y GENEROSO DONATIVO DE LA CAJA DE AHORROS DE GRANADA
SIENDO PRESIDENTE DEL CONSEJO DE ADMINISTRACION
D. ANTONIO MENDEZ RODRIGUEZ ACOSTA Y DIRECTOR GENERAL
D. FRANCISCO GODINO VAZQUEZ.
El 1 de Enero de 1985 el Obispo de Jaén D. Miguel Peinado decretó la erección de una nueva parroquia en Mancha Real, segregándola de la de S. Juan Evangelista, y habilitando la Iglesia de la Encarnación para la misma.
Fue nombrado Párroco D. Francisco Anguita Gámez, que tomo posesión el 26 de Septiembre de 1985.
En 1986 se construyó una casa para el Párroco, aprovechando la parte alta de la sacristía y parte de la Iglesia. Y al año siguiente, modificados los límites parroquiales para que entrara, en esta parroquia la ermita de la Inmaculada Concepción, que empezó a construir en los terrenos anejos a la ermita otra casa de la Parroquia para desarrollar actividades catequéticas y parroquiales. La casa se inauguró en 1991.
En 1990 fue trasladado a Alcalá la Real el primer Párroco D. Francisco Anguita Gámez, y el 16 de Agosto del mismo año tomó posesión el nuevo Párroco D. José Luis Cejudo Moreno.
El 25 de julio de 1995 toma posesión como nuevo párroco de la Encarnación
D. Andrés López Ángeles. Se encuentra que en la Iglesia y casa parroquial existen multitud de grietas y se procede a repararlas y pintarlas. A los tres meses vuelven a salir multitud de grietas en las paredes de la casa y templo. Se llama al Arquitecto D. Juan Francisco Almazán López y al Arquitecto técnico Dª Ascensión Rodríguez Coca para que realice un estudio adecuado y trate de dar con las causas de las mismas. Descubre que todo el edificio está en muy mal estado, corriendo peligro de hundimiento. Se envía al Obispado el informe técnico y después de otra inspección y estudio por otros técnicos enviados por el Obispado se procede al cierre del Templo para derribarlo y proceder a la construcción de uno nuevo en su lugar. El último domingo de noviembre de 1995 se celebra la eucaristía en este templo de la Encarnación por última vez. En junio de 1996 se demolió el Templo Parroquial.
El 30 de Junio del año 2000 el Obispo de Jaén Mons. D. Santiago García Aracil inaugura el nuevo templo parroquial de la Encarnación.
La Placa Conmemorativa del acto reza así:
EL 30 DE JUNIO DE A.D.2000 SE INAUGURÓ ESTE TEMPLO PARROQUIAL
POR MONS. D. SANTIAGO GARCÍA ARACIL
OBISPO DE JAÉN.
ARQUITECTO: D. JUAN FRANCISCO ALMAZÁN LÓPEZ
ARQUITECTO TÉCNICO: Dª ASCENSIÓN RODRÍGUEZ COCA
EMPRESA CONSTRUTORA: CONSTRUCIONES BELTRAN CAMPOS
En la inauguración concelebraron con el Sr. Obispo 25 sacerdotes, estuvo presente los miembros de los Consejos parroquiales de pastoral y de economía, y los demás agentes de pastoral y colaboradores. Asistieron todo el equipo técnico y todos los miembros de la empresa constructora. La celebración comenzó con la entrega del templo por parte del Sr. Arquitecto D. Juan Francisco Almazán López al Sr. Obispo.
Con motivo de la inauguración se programó una semana de actividades. Un de ellas fue una conferencia por parte del Señor Arquitecto. En ella se explico a todos los asistentes, con medios técnicos (viode, diapositivas, etc.) el sentido del templo que se había construido.
Detallamos a continuación el texto de la conferencia del S. Arquitecto:
Antecedentes históricos.
Previos. Implantación urbanística.
Génesis del proyecto.
Fases de proyecto.
Descripción.
No podríamos iniciar este comentario sin antes hacer una reseña histórica de la iglesia de S. Juan para situarnos dentro del marco en el que se inició el proyecto.
La Iglesia de S. Juan Evangelista de Mancha Real, parece que no es una obra completa de Andrés de Vandelvira. Esta obra es suya a medias y en forma hasta cierto punto difícil de definir.
Existe la posibilidad de que la planta de la Iglesia de S. Juan Evangelista, de Mancha Real, atribuida por algunos sin fundamento a Herrera, se deba a Andrés de Vandelvira. En la portada lateral de la iglesia aparece la fecha de 1.575, año de la muerte del maestro. Esta portada es típicamente suya, muy sobria y ajustada y de suma elegancia. Concuerda bien con las últimas obras del complejo Sala Capitular-Sacristía-Crucero de la catedral de Jaén. Por lo tanto, esto es un dato firme para atestiguar que Vandelvira pudo dar la planta y levantar los muros perimetrales en uno de los cuales se labró esta portada. Luego parece que las obras se interrumpieron, precisamente en 1.575, posiblemente por la muerte del arquitecto. Sobre la reanudación de las obras sólo sabemos que una de las bóvedas lleva la fecha de 1.628, lo que indica que por entonces se iría cerrando la iglesia.
Pero nos cabe la duda si con la muerte de Vandelvira se modificaría la estructura en busca de novedades. De hecho es la única iglesia columnaria que se atribuye a Vandelvira, que nunca usó este modelo. Sus pilares son siempre compuestos, derivados de los de Siloé y nunca utiliza columnas monumentales solitarias a guisa de soportes. Esta fórmula de la iglesia columnaria es posterior a la muerte de Vandelvira y aparece, en efecto, en el último cuarto del siglo XVI. Ya sabemos que tuvieron gran desarrollo estas estructuras en las provincias vascongadas y en Levante, sobre todo en el reino de Murcia.
Lo curioso es que esta iglesia recuerda muchísimo a la iglesia parroquial de Getafe, construida por Alonso de Covarrubias al final de su vida. Sobre columnas dóricas se colocaron en una y otra trozos de entablamento buscando una solución más académica que la usual, en la que los arcos descansan directamente en los capiteles. El prestigio y gran crédito en la corte del arquitecto toledano pudieron influir para que en Mancha Real se adoptara una de sus soluciones. La iglesia de Mancha Real se cubre por bóvedas baídas en las naves laterales y por cúpulas en la nave central. De este modo se logra que aún siendo todas las naves de la misma altura se destaque la central.
La portada principal es una bella composición manierista del siglo XVII. En 1.775 intervino Ventura Rodríguez, que terminó el grueso de la obra y torre.
Este es el arranque histórico y de referentes del entorno en el que empezamos a trabajar. Evidentemente no podíamos tratar ni siquiera de imitar al maestro Vandelvira. Creímos entender la necesidad de proyectar una parroquia dentro del lugar que le tocó ser y dentro de su tiempo, es decir, dentro de su contexto.
La tradición española renacentista y barroca de la arquitectura española eclesiástica obligaba a aprender bien la lección. No podíamos olvidar que tenemos un rosario interminable de iglesias en el Patrimonio nacional de donde podemos aprender.
Evidentemente, la confianza depositada en nosotros hizo que el grado de responsabilidad subiera muchos enteros y pasamos bastante angustia pensando si íbamos a ser capaces de responder a toda la familia de la Encarnación.
Rápidamente entendimos que nuestra película era muy fácil, simplemente se trataba de estudiar a fondo el programa de necesidades, el lugar, la implantación, el entorno, el diálogo con la otra torre del pueblo, el espacio, la luz, la orientación, los materiales, los accesos, las circulaciones, la escala,.... de este coctail y añadiendo las dosis de cariño necesarias en toda obra que se quiere que perdure, saldría nuestro parto. El niño se llamaría Templo Parroquial de la Encarnación.
Y si algo sabemos que tiene esta obra es el cariño y el amor con el que se ha proyectado y se ha ejecutado por todos los agentes intervinientes de la misma.
Algunos, es posible que no tuvieran plena consciencia de lo que realmente estaban haciendo hasta que entraban al día siguiente al tajo. A veces los árboles no te dejan ver el bosque, y creo que fue un proceso que poco a poco fue entusiasmando hasta el último elemento que participó.
Partimos de implantar nuestro Templo en una trama urbana muy concreta donde la retícula de dos direcciones ortogonales principales es la que ordena todo el pueblo. Sin embargo nos encontramos en un solar de esquina donde la calle que ofrece la alineación no es perpendicular, como si quisiera significar nuestra esquina. Por tanto nuestro templo se hace sensible a la misma, a la vez que sirve de final a una hilera de viviendas unifamiliares con retranqueos en su fachada principal dentro de una manzana eminentemente residencial y donde nuestra Iglesia debía ser partícipe en resolver ese encuentro.
Por eso en un principio la medianería derecha se trata de tal forma que la presencia lateral no sea un paredón ciego y por eso dispusimos un patio que provocaría siempre la solución de fachada exterior y amable con sus vecinos adosados.
Si en un futuro estas viviendas dan un paso adelante hacia una alineación más "productiva" (rentable) y no por eso mejor arquitectónicamente por hacer desaparecer esos jardines de entrada, nuestra obra seguirá dando respuesta a ese final de manzana.
A la vez este patio sirve para amortiguar la diferencia de altura de las edificaciones colindantes, de la misma manera que por la parte de arriba utilizamos la sacristía de una planta con el mismo fin. Es decir el presbiterio se queda un poco antes de llegar a la alineación posterior, con mayor altura.
En el desarrollo del proyecto se pasó por varias fases. En un principio la Iglesia albergaba también la vivienda del párroco. La vivienda aportaba signos externos que complicaban el lenguaje utilizado como son los huecos o ventanas necesarios para las distintas dependencias de la vivienda: salón, cocina, lavadero, baño, dormitorios,... El resultado no debía ser en ningún caso la suma de una iglesia mas una casa, sino más bien una solución de unidad y coherencia. Esto se resolvió descomponiendo el muro de fachada con retranqueos que encuadraban huecos laterales y nunca de frente, a la vez que el patio lateral ayudaba a enmascarar toda esta escala doméstica. Pero la superficie que ocupaba la vivienda limitaba las necesidades propias del templo, y finalmente se desistió de esta solución, dejando fuera la vivienda.
La zonificación básica del templo parece condicionada de manera inequívoca de la misma manera en rasgos generales que el anterior templo. La entrada por la esquina con ese gran vuelo que ofrece la bienvenida a la comunidad y a todo el que lo necesite de una forma amable y respetuosa con unas proporciones que provoquen en el visitante ese espíritu de cobijo y protección.
La fachada mas larga es un muro que marca y respeta la alineación de la calle y que cuando llega al presbiterio se hace curvo para recoger la zona del altar.
La torre, como elemento simbólico y singular, como llamada de atención y lugar donde se ubica el campanario para llamar a la oración, como ese vigilante siempre por encima del paisaje urbano de los tejados de Mancha Real y asomándose y mirando siempre a la torre de San Juan (su hermana mayor) como si se tratara del respeto que el joven tiene sobre el mayor. Asoma de manera discreta y de formas minimalistas tratando de articular huecos para alojar las campanas y sin mayores pretensiones. La torre no es cuadrada, porque asume su singularidad contribuyendo como una parte más del edificio de manera solidaria y se hace sensible a la forma del solar, constituyéndose de forma trapezoidal y con cubierta inclinada para enfatizar la perspectiva desde el acceso en la esquina. Con esto conseguimos un mayor efecto de altura y presencia con esa perspectiva forzada (al modo de nuestros maestros barrocos que sabían utilizar estas licencias de forma hábil). Por eso con menos altura conseguimos el efecto proa de barco.
El acceso se hace acariciando la torre de la iglesia, pasando por su lado, como un elemento que taladra desde el exterior y no sólo constituye un elemento de imagen exterior sino que se hace presente hasta la planta sótano vestida del mismo material también en el interior. Dado que el espacio de que disponíamos era muy limitado aprovechamos para que la torre, no sólo alojara el campanario y la escalera de acceso, sino que también la utilizamos para alojar el ascensor. Es una condición que los distintos elementos puedan ser simplificados al máximo de manera que se optimice su utilización. Una cosa debe tener en lo posible más de una función. Por eso en el forrado de los pilares laterales de forma triangular empotramos iluminación y megafonía. Por eso encima del altar se coloca un elemento lucernario que deja entrar la luz de manera muy controlada, y además marca y arropa el altar en el interior como una gran chimenea y desde el exterior se entiende que ese es el punto más importante del templo. Por eso el confesionario es una caja impenetrable (un mueble) que trata de guardar el secreto de la confesión y es exento y no adosado de tal forma que él mismo separa la capilla del Santísimo alojando en una de sus caras el Sagrario, y la zona de "inocentes ruidosos" que son los niños pequeños. A la vez tiene la altura necesaria para cumplir su cometido, sin llegar al techo para que la sucesión de espacios y la transmisión de luz sea posible.
Una vez que accedemos al templo por ese espacio de vestíbulo exterior entre las puertas metálicas y las de madera justo en el tránsito de la torre, y que nos prepara para llegar al espacio principal, el Templo, la mirada rápidamente se nos va hacia el punto principal donde destaca ese Cristo que queda suspendido del techo con la mayor sutileza posible y donde no quisimos que se adosara a la pared que lo envuelve como signo de pureza. Por eso la imagen del Cristo se enfatiza con su propia sombra como signo de omnipresencia de la forma más natural sobre ese fondo de color amarillo-naranja (color de pasión) a modo de puesta de sol y creando esa atmósfera de paz sobre la que flota el Cristo. Los arquitectos nos movemos en los proyectos con mucha dosis de intuición a veces nos vemos recompensados con ciertos efectos que aunque no estaban previstos de manera explícita (porque así hay que reconocerlo), nos llevamos una gran sorpresa cuando en el momento de la consagración del templo por el Sr. Obispo y todos los concelebrantes apareció un rayo de sol que acariciaba las rodillas del Cristo y generaba una sombra limpia y ardiente que podía embelesar al más ateo, como si de una señal se tratara.
Las circulaciones verticales se resuelven con la escalera que comunica todos los niveles adosada a la torre desembarcando en los cuatro niveles principales: nivel de acceso, sótano, despacho y coro; y no perdiendo nunca de vista el espacio principal.
El coro se plantea como una ampliación de aforo, en el mismo nivel del despacho del párroco que se sitúa sobre el acceso con una vista privilegiada sobre el presbiterio del templo.
El techo de la nave principal es curvo para potenciar la sensación de protección hacia el interior (como una coraza) como las cuadernas de un barco, como esos grandes costillares que llevan a cuestas el peso de la nave. Su pared lateral curva en madera de iroco aloja en el mismo juego horizontal unas líneas de luz para la parte menos iluminada y en ese sentido direccional apuntando hacia el presbiterio. En la parte superior se empotran unos focos de vapor de sodio de forma circular tratando de recuperar la simbología de las ventanas del barco (ojos de buey).
Como podéis entender el material predominante de la barca de Pedro no podía ser otro que la madera, con sus aportaciones de material cálido y agradable que por sí solo concede al lugar una gran personalidad. Porque de ese juego cruzado de luces de norte y sur-oeste, de los espacios y los materiales resulta la atmósfera que define una obra. En este proyecto era muy importante ese sentido místico y metafórico que mentalice y acomode al visitante. La Iglesia no se debe definir por llevar un cartel en la entrada que diga Parroquia, sino que cualquiera debe sentirlo. Hasta un ciego debe recibir esas sensaciones que le hagan entender dónde está (olores, silencio, acústica,....), eso es la atmósfera. (Juan Francisco Almazán López. Arquitecto)
Todos los que de alguna forma hemos colaborado para que este templo parroquial sea una realidad estamos realmente orgullosos y agradecidos a los que nos han ayudados y siguen haciéndolo.
IGLESIA PARROQUIAL 1974
IGLESIA PARROQUIAL 1996